Cuando una banda toca el cover de una canción, lo usual es que intenten hacerla musicalmente suya. Lo hacen para cosechar el éxito del tema que «coverean», sin que el público se sienta tentado de llamarlos una banda tributo.
Y eso es lo que pasa con Cowboy Bebop (2021) de Netflix, adaptación live action del exitoso animé de culto Cowboy Bebop (1998). Mientras que el de 1998 es un intenso jam de jazz, el de Netflix es el concierto pop rock de una banda tributo.

Cowboy Bebop de Netflix, es Pop Rock, no es Jazz.
(Para fines prácticos llamaré CowBe al animé original y CowPop a la adaptación de Netflix).
CowPop agarra todos los elementos que hicieron de CowBe una leyenda y tratan de crear una serie más comercial y, en el proceso, le quitan mística y estilo a una historia que aún hoy es considerada como una de las mejores animaciones del mundo.
Y si no tuviera el título “Cowboy Bebop”, no estaría mal. Es más, a ratos parece que Christopher Yost, el creador de CowPop, tuvo una fantasía kitsch y la hizo realidad mientras intentaba complacer a Quentin Tarantino y Robert Rodríguez. En papel, eso incluso suena bien.
El problema de esta adaptación de Netflix es que se esfuerza demasiado en ser como su antecesora, pero sin la mística jazz de la trágica CowBe, haciendo que CowPop termine por parecer insulsa.
Y no, no digo todo esto para rasgarme las vestiduras,. Que CowPop exista, no le quita méritos a CowBe, así que, en realidad, no importa. Lo digo para poder lanzar la pregunta:
¿Son necesarias las adaptaciones live action?
Creo que la respuesta es no. O que son tan necesarias como las bandas tributo. Esas que tocan canciones de agrupaciones famosas disueltas o activas, en territorios tercermundistas que artistas de fama mundial apenas pisan.
Son una ruta fácil, traen dinero y reconocimiento a los músicos que recién empiezan. No generan nada fresco, sino que nos convierten en vampiros plásticos que se alimentan de nostalgia.
Eso sí, Netflix hizo un buen negocio con CowPop. No tuvieron que construir público base y, gracias al carisma de John Cho como el legendario Spike Spiegel, conseguirán uno que otro fanático de su cover pop rock. Mínimo lograron que todos los fanáticos de CowBe vean la serie para indignarse.
Ambos grupos tomarán las redes para discutir y le harán publicidad gratis a un producto sin pena ni gloria. Una serie que, si no la comparas con la original, es simplemente ok, cuyas pocas ventajas se limitan a un buen elenco, un diseño de producción interesante (y calcado). Una serie que no tiene vergüenza de sí misma, casi como esas series yanquis setenteras que tanto ama el Tarantino.
Lo que es yo, prefiero los ritmos bebop de CowBe. Vivo en La Paz – Bolivia, estoy aburrido de las bandas tributo.
Por: Adrián Nieve

