La noticia ha caído como una bomba necesaria en la industria. Tras la recepción más tibia de lo habitual del nuevo Call of Duty, Activision ha confirmado oficialmente que ya no lanzará juegos de la misma serie en años consecutivos. Pero ¿por qué es esto mucho más que un simple ajuste de calendario? Porque es la primera vez que la compañía admite implícitamente que el modelo de «más de lo mismo» ha saturado a su base de jugadores y que la franquicia necesita respirar para sobrevivir.
Esta decisión llega después de que Black Ops 7, lanzado solo un año después de Black Ops 6, sufriera una caída notable en ventas y críticas. Un escenario que ya vimos repetirse con Modern Warfare 3 llegando justo después de su predecesor. Como analista y jugador, la sensación de déjà vu al entrar en estas entregas era innegable. Ya no se sentían como eventos únicos, sino como expansiones glorificadas vendidas a precio completo. La promesa de Activision para Call of Duty es clara. De ahora en adelante, el objetivo es ofrecer una «experiencia absolutamente única cada año», priorizando la innovación significativa sobre la incremental.
La fatiga de la comunidad forzó la mano de Activision
No es secreto que la comunidad ha estado gritando «basta» durante años. El ciclo de desarrollo de Call of Duty se había convertido en una máquina trituradora que sacrificaba la identidad de cada entrega en pos de mantener la maquinaria financiera girando sin pausa. Al forzar secuelas directas tan seguidas, se eliminaba el factor nostalgia y la anticipación que solía acompañar a los títulos de Treyarch o Infinity Ward. Este cambio de estrategia no es solo una medida correctiva tras los números de Black Ops 7. También es un reconocimiento de que la lealtad del jugador tiene un límite cuando la calidad se percibe como estancada.
Call of Duty y la necesidad de recuperar su identidad propia
Lo que realmente ganamos con este cambio en Call of Duty es la recuperación de la identidad autoral de los estudios. Al alternar las subsagas, permitimos que los desarrolladores tengan el tiempo creativo necesario para que un Black Ops se sienta radicalmente distinto a un Modern Warfare. La fatiga no venía del género shooter en sí. Venía de la repetición mecánica de la misma estética y jugabilidad dos años seguidos. Si Activision cumple su promesa, el próximo gran título de Call of Duty podrá volver a sentirse como un salto generacional y no como un parche de temporada estirado.

El peligro de la innovación incremental
Activision ha tenido altibajos en los estrenos relacionados a su saga más redituable. Si no actuaban pronto, corrían peligro de quedarse con un mercado que tienen acaparado. Definitivamente esta noticia va en favor de los jugadores. Y es que no solamente es pausar las entregas continuas, sino que el soporte que se le dé al Call of Duty en turno puede ser incluso más robusto.
Habrá que estar a la expectativa de qué rumbo toman las diferentes sagas de Call of Duty. Sin embargo, me parece que están en un momento perfecto a reflexionar sobre lo bien y mal que están haciendo con los títulos. Por un lado, la producción es notable en todos sus apartados, y han gozado de ser portentos tecnológicos en sus últimas entregas. Por otro lado, saturar al mercado con tantos juegos bajo el mismo nombre les puede jugar en contra. Además de reemplazar cada año a un enorme número de jugadores que invierten dinero y tiempo en cada entrega.

En conclusión, aunque el tropiezo de Black Ops 7 ha sido doloroso para los fans acérrimos, puede haber sido el mal necesario para corregir el rumbo del transatlántico. Este freno a la producción en cadena de secuelas directas es la mejor noticia que podíamos recibir los que llevamos años pidiendo que la saga vuelva a sorprendernos. Ahora queda ver si Activision utiliza este tiempo extra para realmente innovar o si solo es una pausa para recalibrar la monetización.
¿Crees que alternar las sagas será suficiente para que la calidad vuelva a su punto máximo? Déjanos tu opinión en los comentarios.