Tomohiko Ito, director de Sword Art Online y Erased, afirmó que el anime tiene el potencial real de reemplazar la hegemonía de Hollywood. Señaló que este escenario se vuelve más viable tras el debilitamiento de la industria estadounidense por las huelgas y la pandemia. Sin embargo, lanzó una advertencia clara. Obsesionarse con el “atractivo global” y la corrección política podría convertirse en la receta perfecta para el fracaso de la industria japonesa.
¿Pero por qué el éxito internacional del anime depende paradójicamente de ignorar las exigencias del mercado extranjero? Analizamos esta postura que desafía las estrategias de expansión actuales y defiende la pureza del contenido japonés.
Un vacío que el anime supo ocupar

El razonamiento de Ito se apoya en una realidad difícil de refutar. Producciones como la trilogía de Demon Slayer: Infinity Castle han roto récords de taquilla a nivel mundial, demostrando que el anime ya no opera como un nicho, sino como un sustituto viable del cine de acción tradicional. Con la consolidación de Crunchyroll bajo Aniplex y la expansión internacional de compañías como Toho, Japón cuenta hoy con la infraestructura necesaria para competir directamente en el mercado global.
Sin embargo, Ito subraya que la fortaleza del anime no reside en imitar a Hollywood. Está en ofrecer aquello que esa industria ha dejado de producir. Mientras el cine occidental se ha visto limitado por crisis laborales y una clara falta de riesgo creativo, el anime ha mantenido un flujo constante de historias originales. Estas destacan por estilos visuales y narrativos que no siguen moldes universales. Para Ito, el anime llenó el vacío de los blockbusters al presentarse como una alternativa distinta.
El riesgo de crear pensando en Occidente

El punto más incisivo del discurso de Ito, en sintonía con opiniones previas de figuras como Hideaki Anno, es su rechazo a la producción pensada para gustar en el extranjero. Según el director, intentar cumplir con los estándares de corrección política de Norteamérica termina diluyendo la esencia del anime. Suavizar el diseño de personajes o eliminar temáticas incómodas debilita aquello que lo convirtió en un fenómeno global.
Ito advierte que, si los estudios japoneses comienzan a crear bajo la pregunta constante de “qué pensarán en América”, perderán su principal ventaja competitiva. El público internacional confía en el anime precisamente por su honestidad cultural. Una obra debe funcionar primero para el espectador japonés; si logra resonar fuera, es una consecuencia natural del éxito, no una meta prefabricada. Intentar anticipar el gusto global suele derivar en productos genéricos que no satisfacen ni al mercado local ni al internacional.

El Veredicto
La postura de Tomohiko Ito funciona como una advertencia directa a una industria tentada por la estandarización. El anime se encuentra ante una oportunidad histórica para liderar el entretenimiento global, pero ese liderazgo solo será posible si conserva la libertad creativa que Hollywood ha ido sacrificando en busca de una aceptación masiva y sin fricciones.
La verdadera fortaleza del anime reside en su singularidad cultural. Si el medio se occidentaliza para evitar polémicas o ajustarse a sensibilidades externas, corre el riesgo de perder el alma que lo convirtió en un fenómeno mundial. El público global no busca un Hollywood animado; busca anime japonés en toda su complejidad, rareza y autenticidad, incluso cuando resulta incómodo o difícil de encasillar.
¿Crees que el anime debería adaptarse a las normas sociales de Occidente para seguir creciendo, o prefieres que mantenga su estilo original sin importar las críticas sobre su contenido? Déjanos tu opinión en los comentarios.