El conflicto entre la industria del anime y la Inteligencia Artificial (IA) ha escalado a un nuevo nivel. Dieciocho de las compañías más grandes de manga y anime, incluyendo a Kadokawa, Kodansha, Shogakukan y Square Enix, han publicado un comunicado conjunto contra el sistema de generación de video-audio Sora2 de OpenAI.
Las compañías acusan a Sora2 de infringir derechos de autor al utilizar franquicias y propiedad intelectual que les pertenece y esta protegida por copyright para su aprendizaje, con resultados que se parecen demasiado a su contenido original. Aunque la verdadera pregunta, que va más allá de un simple anuncio legal, es ¿Por qué esta es la prueba de que el sistema Opt-Out de las IA es una amenaza existencial para el anime y el manga? Lo analizamos a continuación.

El punto más critico de la demanda es que no se limita a abordar en que utiliza material protegido, sino a cómo lo hace. Sora2 opera bajo un sistema de «Opt-Out», lo que significa que el contenido está teóricamente disponible para la IA hasta que el creador solicita su remoción. Este sistema choca directamente con la ley de derechos de autor japonesa, que protege explícitamente las obras y requiere un permiso explícito (Opt-In) para su uso. La industria está diciendo, con estas 18 firmas, que la existencia de la IA no puede basarse en la infracción masiva de su propiedad intelectual a la espera de ser demandada.
Recordemos que la industria del anime y manga genera miles de millones de dólares, y actualmente se encuentra en una etapa de expansion global sin precedentes. Es por eso mismo que hasta el gobierno japonés, a través de la Oficina de Estrategia de Propiedad Intelectual, ya había advertido a OpenAI, calificando al anime y al manga como «tesoros irremplazables» que Japón «se jacta de mostrar al mundo».
Este comunicado de las 18 empresas tan importantes para la industria otaku transforma esa preocupación gubernamental en una acción legal corporativa. Nuestro análisis de industria es claro, el miedo que tiene Japón no es porque la IA facilite plasmar ideas creativas, sino que el valor de los estilos artísticos únicos que definen a franquicias como One Piece, Demon Slayer o Fullmetal Alchemist pierda impacto o importancia si una herramienta puede replicarlos fácilmente con costes mínimos y sin compensación para el creador original. En pocas palabras, les preocupa el dinero que estarían perdiendo con el uso sin consentimiento del estilo visual y/o de franquicias millonarias de las que son propietarias.

El comunicado conjunto de las 18 compañías exige tres cosas: 1) Transparencia sobre los datos de entrenamiento; 2) Un cambio al sistema Opt-In (pedir permiso primero); y 3) Compensación adecuada para los titulares de derechos que concedan el permiso. Este movimiento unificado, que incluye a los «tres grandes» (Kadokawa, Kodansha y Shogakukan), sienta el precedente legal más fuerte hasta la fecha en Asia para delimitar la frontera entre la innovación tecnológica y la protección del trabajo creativo.
Como toda nueva tecnología que surge y amenaza las propiedades intelectuales de grandes compañías, lo que suceda con Sora2 en Japón tendrá repercusiones globales en la lucha por el derecho de autor en la era de la IA generativa.
En caso de darse un fallo a favor de las grandes creativas japonesas, esto podría incitar a que mas empresas de entretenimiento unan esfuerzos para frenar el desarrollo de herramientas IA que utilicen y/o generen contenido protegido por derechos de autor.

La alianza de 18 gigantes de la industria japonesa es un claro mensaje de que no tolerarán el modelo de negocio de las IA basado en entrenarse masivamente de contenido con copyright. Mi veredicto como analista es que esta es una primera batalla que de salir favorable para Japón podría impulsar un cambio en como se genera contenido con estas herramientas IA, ocasionando que las empresas de inteligencia artificial se tomen en serio la tarea de prohibir alimentar sus modelos con obras protegías con el fin de evitar consecuencias legales.
Si las editoriales no consiguen que se respete el sistema Opt-In, corren el riesgo de ver cómo sus obras más valiosas se utilizan para entrenar a sus propios competidores sin recibir un solo yen. La pelota ahora está en el tejado de OpenAI y será una prueba clave para el futuro de la IA.