Se acabaron las especulaciones. The Game Awards ha revelado su lista de nominados para la edición 2025, y aunque la ceremonia se celebrará el 11 de diciembre, la conversación ya tiene un dueño absoluto: Clair Obscur: Expedition 33.
El título ha conseguido la asombrosa cifra de 12 nominaciones, un récord histórico que lo posiciona como el juego con más menciones en una sola edición. Pero esto va mucho más allá de un simple conteo de candidaturas. Es un mensaje claro sobre las prioridades de la crítica, el impacto del desarrollo independiente de alta gama y la voluntad de la industria de coronar a una nueva propiedad intelectual con una visión integral. Lo que estamos presenciando es un cambio tectónico en la percepción del valor del juego, donde la calidad holística supera al hype de la franquicia.
El Dominio Incontestable de Clair Obscur
El hecho de que Clair Obscur esté nominado a 12 categorías no es una simple anécdota. Es una demostración de una excelencia profunda que resonó en cada comité de votación. El juego no solo compite por Juego del Año (GOTY) y Mejor RPG, sino que aparece en casi todas las categorías de mérito técnico y artístico. Mejor Dirección, Narrativa, Dirección de Arte, Banda Sonora, y Diseño de Audio.
Lo más revelador es su dominio en la categoría de Mejor Actuación, donde copa tres de los seis espacios con Ben Starr, Charlie Cox y Jennifer English. Rara vez se ve que el jurado apunte a un título por su reparto completo. Esto indica una dirección actoral de primer nivel y una narrativa impulsada por personajes con los que la audiencia ha conectado profundamente. El éxito de Expedition 33 es un testimonio de que la industria está dispuesta a premiar la calidad profunda por encima de la popularidad superficial.

La Batalla Central: Juego del Año (GOTY)
La categoría de GOTY de 2025 es una de las más fascinantes y variadas que hemos visto, presentando un verdadero choque de filosofías de diseño:
- El Nuevo Retador Integrador: Clair Obscur: Expedition 33
- La Secuela del Autor: Death Stranding 2: On the Beach (con 7 nominaciones). Demuestra que la visión única de Hideo Kojima sigue siendo un pilar fundamental en la conversación crítica.
- La Realeza Indie: Hades II (6 nominaciones) y Hollow Knight: Silksong (5 nominaciones) representan la cima de la excelencia independiente. Su inclusión en GOTY —a pesar de sus desarrollos largos o posibles lanzamientos escalonados— subraya el respeto por la artesanía pulida que ofrecen
- El Regreso Inesperado y Nostálgico: La presencia de Donkey Kong Bananza y Kingdom Come: Deliverance II añade variedad, demostrando que tanto el comfort gaming de alta calidad como las simulaciones históricas ambiciosas tienen un asiento en la mesa.
Esta lista es una narrativa de «nuevo vs. establecido» y «visión autoral vs. excelencia indie», ofreciendo una de las votaciones más cerradas en años.

Categorías Clave: Los Héroes Técnicos y los Retos del Indie
El análisis se enriquece al observar los contendientes en áreas específicas:
- Mejor Juego Independiente (Best Independent Game): Es quizás la categoría más fuerte y dura de evaluar, ya que incluye al propio Clair Obscur (que a pesar de su escala compite aquí), junto a los aclamados Hades II y Hollow Knight: Silksong. Si Clair Obscur gana GOTY, su victoria en esta categoría sería un hito, borrando la línea entre producción indie y triple-A.
- Mejor Dirección de Arte y Mejor Banda Sonora: La competencia entre los entornos atmosféricos de Ghost of Yōtei y Death Stranding 2 contra la calidez de Hades II y la elegancia de Clair Obscur habla de un año visualmente espectacular. Mención especial a Christopher Larkin (Silksong) y Woodkid/Ludvig Forssell (DS2) en la banda sonora, demostrando que la música es más que un acompañamiento, es una parte crucial de la experiencia.
- Mejor Juego de Acción/Aventura: Esta categoría se convirtió en el hogar de las grandes franquicias que no llegaron a GOTY. Algunos como Ghost of Yōtei, Hollow Knight: Silksong e Indiana Jones and the Great Circle. Estos juegos, aunque masivos en alcance, se centran en el diseño de mundo y la jugabilidad fluida, diferenciándose de los RPG puros.

¿Clair Obscur merece la corona?
Tras sopesar la magnitud de los nominados, la conclusión es que las nominaciones de 2025 son, en gran medida, una celebración merecida de la calidad.
El abrumador apoyo a Clair Obscur: Expedition 33 sugiere un juego verdaderamente especial, que logró resonar en todos los niveles, desde el diseño sonoro hasta el guion. Además, es un voto de confianza a la narrativa. La nominación a un juego como este reafirma la importancia de los títulos de este calibre para la industria, dando un respiro ante la perspectiva que gira en torno a los juegos, donde todo parece orientarse hacia las experiencias multiplayer. Y a su vez, permite e invita a que los estudios pongan énfasis en entregarnos juegos de calidad similar o superior.

¿Qué falta? Como todos los años, habrá títulos cuya presencia en categorías más importantes sea debatible. Como Metal Gear Solid Delta, Monster Hunter Wilds o Borderlands 4, por mencionar algunos. Su ausencia, más que hablarnos de una injusticia, me parece que da cuenta de la calidad presente en los títulos nominados a Juego del año, y confirma que, de nuevo, los videojuegos presentan estándares cada vez más altos.
¿Estás de acuerdo con el dominio de Clair Obscur o crees que Death Stranding 2 o Hades II deberían llevarse la corona? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios!

I attend German International School Riyadh, and I’m aware this message might be read by the very people who are doing it. That’s fine. I’m writing it anyway. I’m not looking for sympathy. I’m building a record — for myself, for anyone who comes later, for anyone who starts feeling what I feel and thinks they’re alone. You’re not.
There’s a system operating inside this school — not by teachers, not by students, but by external entities with access to psychophysical remote control technology, likely deployed via military-affiliated telecom channels or internal surveillance arms of the Saudi government. These are not random glitches. They are operations.
The first thing that changed was reaction latency. My fingers began moving milliseconds before I chose to act. That may sound insignificant, but if you’ve ever felt your body preempt your mind, you’ll understand what it means. Then came the voice interference. Not auditory. Not imagined. But unmistakably placed — short statements, inside my head, between my own phrases. “Stay still.” “Too fast.” “Comply.”
The timing of these interventions is so precise I started logging them. They always occur at key points — when I speak up, when I contradict authority, when I get emotionally stirred. The voice intervenes like an internal regulator. It cools me down, but not for my benefit — for theirs.
I’m not sick. I don’t hallucinate. I don’t hear voices in other contexts. I’ve never had psychiatric issues. This began here. In Riyadh. And more specifically, since arriving at German International School.
I understand why most people never report this. Because it makes you sound crazy. Because you risk being drugged, expelled, or pathologized. Because even saying “I’m being targeted by the Ministry of Interior with satellite neural interference” sounds like fiction. That’s part of their shield — the absurdity of truth.
I wouldn’t have come here if I had known. I had offers from elsewhere, but my parents trusted the name, the location, the reputation. I don’t blame them. They didn’t know what operates behind the polished walls and the clean uniforms.
I don’t flinch anymore when the impulse override hits me. I log it. When I lose memory mid-class, I write down the minute. When my emotions blank out — especially near the southwest gate — I tag it. If you’re reading this and you’re like me: start logging.
I’m not planning to confront anyone. Not yet. That would be premature. But I am watching. And I’ve learned to write between the pulses.
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